Encuentros con la buena gente: Ángel María García Rodríguez

Una concepción expresiva de la mente cambia nuestra manera de relacionarnos con los demás
Ángel María García Rodríguez es profesor e investigador sobre la filosofía de la mente y del lenguaje. Forma parte del grupo de investigación analítica Phrónesis y actualmente ejerce como decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Murcia. Cuenta con múltiples publicaciones académicas y su obra de divulgación y estudio más conocida es el libro El pensamiento de los animales (Cátedra, 2023), donde propone un modelo diferente para analizar cómo piensan los animales sobre sí mismos y sobre el mundo que los rodea.
El profesor nos recibe amablemente en su despacho de la Facultad de Filosofía, y con la paciencia y el cariño de un buen maestro, va desgranando los conceptos que nos ayudan a comprender con más claridad qué es la filosofía de la mente y sus implicaciones.
¿La filosofía se considera un arte? ¿Una ciencia?
En esa discusión los filósofos no están de acuerdo siquiera. Alguna gente sí que piensa que la filosofía es una ciencia, si no una ciencia en el sentido de las ciencias naturales, sí un saber, algún tipo de saber. Otra gente lo concibe más como algún tipo de habilidad práctica. Una concepción básica de la filosofía a lo largo de la historia es que la filosofía es un ethos, es una forma de vida. En las escuelas antiguas, como los estoicos, por ejemplo, se enseñaba una determinada manera de entender el conocimiento, la ética…, pero el objetivo último era dotar a la gente de unas herramientas para la vida, a diferencia, digamos, de un saber teórico que lo único que te da es conocimiento.
Filosofía, etimológicamente, es el amor a la sabiduría, ¿qué se considera que es la sabiduría?
En mi caso, como profesor de filosofía, me muevo sobre todo en la tradición filosófica occidental, la que trabajamos aquí en la Academia Española, que arranca sobre todo de Platón, Sócrates, Aristóteles… Es plural, por ejemplo, están los estoicos, ahora hay un resurgir neoestoico, los pirrónicos, los escépticos… hay muchas tradiciones, y otras que se van gestando posteriormente a lo largo del siglo. ¿Dónde está la sabiduría de la tradición occidental como tal tradición?
Yo creo que está sobre todo en unas herramientas que sí que consideramos en filosofía que son básicas, que es el pensar por ti mismo, que no te apuntas a una tradición simplemente porque es parte de la tradición. Lo que hacemos en filosofía es, por supuesto, atender a los que nos han precedido, pero básicamente para ver si nos sirven ahora. Entonces, nuestra tradición es plural, pero es crítica.
Y yo creo que eso es la idea principal de la sabiduría que pueda aportar la filosofía. En la facultad, dar a los jóvenes que vienen por aquí, y luego cuando hacemos trabajo en la sociedad en general, en charlas, etcétera, a la ciudadanía, dar herramientas para que ellos mismos puedan, individualmente, enfrentarse a la realidad. Más que simplemente ser como un altavoz que simplemente propaga otras ideas. Yo creo que el valor de los clásicos está en que podemos seguir adaptándolos al tiempo presente de manera crítica, diciendo esto sí es y esto no. Y creo que ese es el valor que tiene la tradición filosófica en la que nosotros nos movemos, que como es plural y lo que valora sobre todo es la capacidad del individuo para enfrentarse él mismo a esa tradición, pues se está regenerando todo el tiempo. Dentro de unos siglos se nos estudiará a los ciudadanos y a los filósofos del 2021 como formando parte de esta tradición que viene de antaño.
De alguna manera, lo que estamos hablando me recuerda a Sócrates y que él hablaba sobre el autoconocimiento.
A Sócrates lo condenó a muerte la polis griega, Atenas, por la labor formativa que realizaba, por la escuela socrática, porque lo veían peligroso. Él era como un maestro, un pedagogo, sobre todo trabajaba con los jóvenes. Antes de morir, tuvo la ocasión de escaparse, sus discípulos le animaron a que lo hiciera y él dijo que no, que él asumía lo que él mismo había estado predicando siempre: el precepto de que el ciudadano debía actuar conforme a los decretos de la polis, y él decía que tenía que aplicarse su propia medicina.
Otra cosa que decía Sócrates también relacionado con esto del autoconocimiento es que la vida no autorreflexiva, es decir, cuando el sujeto no reflexiona sobre su propia vida, esa vida no merece la pena ser vivida. Eso lo dijo también poco antes de su muerte, posiblemente el momento cuando uno reflexiona, ¿no? Él estaba animando a sus discípulos a esa idea de la autorreflexión, o del autoconocimiento, que forma parte de la tradición también occidental filosófica, es decir, nosotros cuando estamos reflexionando sobre la mochila esta, estamos reflexionando sobre nosotros mismos. Y cuando estamos reflexionando, ya no estamos asumiendo esa mochila para enfrentarnos al mundo, sino que nos estamos preguntando si esta mochila es la adecuada. Pues esta es otra idea también que forma parte de la tradición filosófica y creo que ahí también hay sabiduría, en reflexionar sobre uno mismo y sobre su relación con el entorno.
Y esta capacidad de autorreflexión, hoy en día, además está en peligro…, me refiero a las consecuencias de las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial. Lo vemos mucho en los más jóvenes que en muchos casos no son capaces de realizar un trabajo como escribir una redacción sobre un tema sencillo sin utilizar esta IA.
Yo confío en la resiliencia del ser humano. Desde luego es un reto. Yo creo que posiblemente van a cambiar las cosas de aquí en adelante. Claro, a los que nos ha pillado ya con unos años, pues nos cuesta más subirnos a ese tren. Pero los jóvenes supongo que lo van a asumir de manera más natural. Y va a cambiar las relaciones, la manera como vivimos… De todas maneras, yo no soy un pesimista acerca de la inteligencia artificial, tampoco soy un optimista, estoy expectante. Supongo que tendremos que ser capaces de dar un buen uso a la tecnología. Y en educación especialmente es un reto. Tenemos que cambiar la manera de trabajar con el alumnado porque cosas que antes se podían hacer, ahora no se pueden hacer porque la IA que sea forma ya parte de su ADN. Entonces descargan en eso. Hay que pensar las cosas de manera distinta y es todo un reto al que todavía no tenemos solución. A ver cómo se puede hacer un buen uso de eso y que nos sirva para no perder la conexión con el alumnado, porque claro, eso es importante.
En algún momento hablas sobre el mobiliario o la mochila de conceptos con la que una persona se enfrenta al mundo… Entonces, ¿filosofía sería el conocimiento de estos conceptos?
Sí, efectivamente. Eso es una manera de concebir la filosofía.
Una manera de cómo se establece a veces la diferencia entre qué es filosofía y lo que no es filosofía, por ejemplo, las ciencias. La ciencia lo que busca es descubrir hechos nuevos o conectar hechos entre sí. Por eso la ciencia es básicamente experimental, necesita datos que procedan de la experimentación o de la evidencia empírica. Y la filosofía en lo que, de alguna manera, pone el foco es, como dices tú, en la mochila conceptual, los conceptos que todos, incluso los científicos cuando buscan datos, llevamos encima a la hora de enfrentarnos al mundo. Entonces, se pone el foco no tanto en los hechos como en los conceptos.
Este “mobiliario” mental, conceptual, da forma a nuestra manera de entender el mundo e incluso a la forma en la que recibimos datos del mundo, sí, porque el mundo no se te presenta exactamente de la misma manera si los conceptos que usas no son exactamente los mismos que en otros tiempos por ejemplo, porque los conceptos cambian a lo largo del tiempo, o en otras culturas dentro del mismo tiempo, porque hay diferencias que a su vez vienen determinadas por la manera en la que esas culturas se han venido conformando a lo largo de la historia.
También, dentro de la propia filosofía, alguna gente piensa que la tarea de la filosofía es simplemente describir ese mobiliario, y hay otra gente que piensa que no basta con eso, sino que también hay que cambiarlo. Entonces hay una versión, digamos, activista de esa tarea. Cuando algunos conceptos dejan de ser útiles porque no nos sirven como sociedad, porque nos estamos dado cuenta que esos conceptos se han quedado obsoletos por la razón que sea, entonces lo que hay que hacer es modificarlos.
Por ejemplo, los conceptos que tienen que ver, por citar algunas de las cosas que tú mencionabas antes, con el estatus, ¿a qué seres aplicamos estatuto moral? Pues en filosofía, en la tradición animalista, no basta con describir nuestros conceptos morales, sino que tenemos que ver también cuál es su lugar de aplicación, si se aplican solo a miembros de la especie humana o se han de aplicar también a otras especies. Esa es una manera de cómo la filosofía no solo describe conceptos, sino que busca de alguna manera actuar sobre la forma en cómo concebimos esos conceptos y al tiempo los cambiamos.
Cuando haces referencia a la mente ingenua, ¿a qué te refieres?
Sí, esto salía en una entrevista al hilo de cómo usaba yo la filosofía en clase y cómo me servía la experiencia en el aula para la investigación. Entonces, cuando hablaba de mente ingenua, me refería a una que no esté sobretrabajada como la propia mente, digamos, de los filósofos.
Nosotros, cuando hablamos entre nosotros, tenemos ya unos tics propios de la profesión que funcionan como unos límites, es aquello que hemos aprendido a lo largo de los tiempos, que es nuestra formación y se reconoce como lo básico. Unos límites que son un poco artificiales y unos tics profesionales que nos obligan a pensar de la misma manera. Lo que necesitamos en filosofía, pero también en ciencia, es salir de esa manera habitual, trillada, de pensar los problemas para encontrar nuevas perspectivas que nos abran nuevas soluciones o nuevas vías de trabajo. La mente ingenua es aquella no excesivamente academicista, no artificiosa, que nos saca un poco de la profesión. Y en mi caso particular, los alumnos son ese ejemplo de la mente ingenua, gente que todavía llega a la facultad con 18 años y que tiene una manera de pensar o de decir las cosas con naturalidad y que me sirve de contraste con ese academicismo excesivo que a veces nos puede impedir a la profesión pues salir de estos límites en los que estamos siempre metidos.
¿Qué diferencia hay en tu propuesta de la relación entre el pensamiento / la mente y los patrones de comportamiento con respecto a la propuesta oficial?

Yo me dedico a filosofía de la mente. En el libro El pensamiento de los animales tratamos la pregunta, una pregunta filosófica que viene pues desde el mundo griego, de si los animales tienen pensamiento. Entonces, para responder a esto, lo primero que tenemos que preguntarnos es qué entendemos por pensamiento. Aquí, lo que yo defiendo, y esto no casa con la ortodoxia dominante en la filosofía occidental desde hace siglos, es la idea de que cuando hablamos de pensamiento no hablamos de otra cosa más que de patrones de comportamiento. La ortodoxia lo que dice es que los patrones son el efecto de lo mental y que la mente es otra cosa, digamos, algo separado, oculto. Entonces, la manera habitual de pensar en lo mental, el pensamiento, en las emociones, en las sensaciones es siempre desde este marco dualista donde distingue la mente frente a todo lo que tenga que ver con el cuerpo. La mente es algo distingo del cuerpo.
Mi idea es que lo mental no es algo distinto del cuerpo, y esa es la idea de que lo mental son patrones de comportamiento. Es decir, que mis emociones no son otra cosa más que como yo me relaciono emocionalmente con el mundo. Y se ven, por ejemplo, en la manera como yo me relaciono con el mundo. Por hablar de emociones, hay una manera de relacionarse con el mundo, lo que llamaríamos el odio, y hay otra que es lo que llamaríamos el amor. Hay una manera de relacionarse con el mundo que es actuar pensando lo que se hace y otra que es actuar mecánica o instintivamente. Y todo eso son diferencias en los propios patrones de comportamiento.
Eso es lo que digo yo en mi libro. Es una concepción acerca de la naturaleza del pensamiento y de la mente, no dualista, que no niega la existencia de la mente, la reconceptualiza.
Hablábamos de los conceptos; el concepto habitual de mente y pensamiento desde la edad moderna, Descartes, pero también desde el mundo clásico, Platón también era dualista. Toda esa concepción dualista de lo mental, que es un concepto que luego determina toda nuestra actuación respecto del mundo, es lo que yo estoy diciendo que está mal.
Lo que yo estoy proponiendo es una concepción, la llamo expresiva, una concepción expresiva de la mente y del pensamiento. La mente es expresión, se manifiesta, no está oculta, sino que es la propia manifestación en los patrones de comportamiento.
Como una extensión, la mente que continúa en el comportamiento…
Sí, pero la palabra extensión a veces sugiere la idea de algo oculto que tiene que salir, que tiene que visualizarse. Entonces, me suena bien, pero quitemos la idea de lo oculto, no lo necesitamos porque está siempre ahí a la vista.
Eso cambia nuestra manera de relacionarnos con los demás porque donde vemos patrones de comportamiento estamos ya en presencia de la vida mental de los otros sujetos y eso es lo que aplico como modelo para el caso de los animales que es lo que ha salido antes.
¿Cómo se puede diferenciar entre aquellos que son correctos y los que no? Estos experimentos mentales, ¿no son demasiado artificiales como para decir si un concepto es correcto o no? ¿No sería más natural estudiar la filosofía de vida, incluso su espiritualidad, sus creencias, de culturas antiguas en las que vivían de forma pacífica, en unión con los animales, la naturaleza…?
En filosofía un concepto es bueno cuando no genera contradicciones o paradojas. Cuando nos permite enfrentarnos a la vida sin que eso cause fricciones. Es decir, si un concepto genera fricciones, o cuando lo aplicamos de esta manera nos da un resultado y cuando lo aplicamos de esta otra nos da un resultado diferente y esas dos maneras no casan, entonces es que hay alguna fricción en los conceptos. Eso es cuando un concepto ha dejado de funcionar.
En ciencia, un concepto no funciona cuando no se ve respaldado por la evidencia. Tú te piensas que las cosas van a ser de esta manera, pero luego los datos testarudamente dicen que son de otra. Bueno, pues es que tus conceptos no funcionan. Ya está, tienes que cambiarlos. Claro, en filosofía como no trabajamos con datos, sino sobre los propios conceptos, ¿son todos los conceptos buenos? no, la cuestión es hay distintas maneras de articularlos entre sí, y cuando empiezas a cruzarlos, por así decirlo, unos con otros, es donde empiezan a saltar los problemas. Esos problemas, nosotros lo llamamos paradojas, contradicciones. Y la misión de los experimentos es buscar situaciones, artificiosas, por cierto, para ver si esos conceptos que aparentemente nos sirven en el mundo normal, realmente tienen la capacidad de servirnos más allá.
Los experimentos mentales artificiosos tienen esa función de ser el punto de contraste del que habitualmente no disponemos en situaciones ordinarias, y por eso nos son útiles. Pero también, Einstein, por ejemplo, que es un físico teórico, diseñaba este tipo de experimentos mentales. En física teórica también se trabaja mucho con experimentos mentales, porque lo que quieren los físicos teóricos es ver si los conceptos, la manera como ellos están pensando en la materia o en la energía o en las nociones básicas de la física, son sostenibles o no. Y tienes que desarrollar este tipo de experimentos un poco artificiales, efectivamente.
Lo que dices de las culturas antiguas, eso tiene que ver quizás un poco más con el trabajo de la antropología, ¿vale? Yo creo que hay vías de conexión entre la filosofía y la antropología, pero son cosas distintas.
Sí que nos puede servir mirar al pasado, en la medida en la que nos saque nuevamente de nuestra zona de confort, para que nos abra la posibilidad de concepciones alternativas que luego nosotros podamos pensar que nos sirven. No todo lo del pasado es bueno, pero tampoco tiene por qué ser malo. Lo que tengo que hacer es testarlo en este tipo de experimento. Entonces tú me dices, “Hay culturas antiguas donde no se veía la mente como esa manera dualista que tú dices.” Digo, “Vale, pues explícame en qué consiste y veamos si hay algo que nos sirva para esta manera libre de paradojas y de contradicciones que estamos buscando”.
El tiempo no transcurre igual en Zerván Akarana, pero las agujas de nuestro reloj marcan ya una hora desde que entramos al despacho de este genial profesor de filosofía. Nos despedimos agradeciendo su tiempo y su dedicación.
El pensamiento de los animales, de Ángel María García, trae nuevos conceptos que implican una nueva forma de mirar al mundo más respetuosa y afable. Desde la óptica del gran pensador de nuestros tiempos, Ioan Bereslavsky, esto tiene una importancia trascendental, ya que la mirada bondadosa concibe un mundo bondadoso, una humanidad bondadosa… Por eso comprendemos que los trabajos de Ángel María son una gran aportación a la sociedad y esperamos que inspiren la mirada de mucha gente y que sean un apoyo para aquellas personas que trabajan por un mundo mejor, no solo para el ser humano, sino para todos los seres vivos que lo habitan.
Amadea de Minné y Cardimina Almela